Distribución equitativa del trabajo doméstico entre mujeres y hombres. UNA APUESTA POR EL EMPODERAMIENTO ECONÓMICO DE LA MUJER EN TIEMPOS DE COVID-19.

Distribución equitativa del trabajo doméstico entre mujeres y hombres. UNA APUESTA POR EL EMPODERAMIENTO ECONÓMICO DE LA MUJER EN TIEMPOS DE COVID-19.

Históricamente a las mujeres se les ha relegado a ciertos roles u oficios que usualmente han tenido que ver con las labores de cuidado de otros y las actividades domésticas, el trabajo doméstico “difiere del trabajo denominado económico, no sólo por el hecho de que no se remunera, sino por la naturaleza y forma que asume el proceso de generar bienes y servicios para que los consuman los miembros del hogar sin pasar por el mercado”. (Campillo, 2019, p. 2).

Se ha sostenido socialmente que este tipo de trabajo doméstico “es una obligación natural de las mujeres”, justificando así la diferenciación de roles y generando mayor inequidad entre hombres y mujeres, prácticas que se siguen permeando en el sistema en el que vivimos.

La relegación de este tipo de actividades en su mayor medida a las mujeres ha implicado que éstas no tengan la misma posibilidad de desarrollo y crecimiento profesional y personal, además de evidenciar una sobre carga para la población femenina, toda vez que deben asumir responsabilidades con su trabajo económico, académico y doméstico.

Según el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género, citado por la Secretaria Distrital de la Mujer de la ciudad de Bogotá, “el 77% del total de horas de trabajo doméstico son realizadas por las mujeres, a mayor número de hijos e hijas y a mayor edad de la mujer, la carga de trabajo se incrementa”, así mismo en esta misma ciudad “las mujeres utilizan 5 horas y 33 minutos semanales para las tareas del hogar, mientras que los hombres utilizan solo 2 horas y 22 minutos”. Las cifras señaladas evidencian una serie de efectos y complicaciones para la vida de las mujeres en todos los aspectos de esta, su salud, su educación, su desarrollo y crecimiento, entre otros.

Así mismo, ONU MUJERES plantea que “el valor del trabajo de cuidado no remunerado y del trabajo doméstico representa entre un 10 y un 39 por ciento del producto interior bruto; puede pesar más en la economía de un país de lo que pesan la industria manufacturera, el sector del comercio o el del transporte”, sin duda y siguiendo con lo descrito anteriormente, es necesario que este tipo de trabajo goce de una regulación adecuada que permita la disminución de la sobrecarga de las mujeres además de políticas claras que encaminen a la
generación de concienciación frente a la distribución del trabajo domestico entre mujeres y hombres.

Este panorama es bastante preocupante y sin duda no es lejano frente al contexto en el que nos encontramos, el confinamiento derivado por la pandemia del COVID-19 ha reabierto esta discusión pues se evidencia que siguen siendo las mujeres las que se ocupan en una mayor medida de las labores del hogar, del cuidado de los hijos, además de cumplir con sus obligaciones laborales remuneradas, lo que así mismo está evidenciando un desgaste físico
y mental para las mismas. Es por ello, que instamos desde She Is Foundation a generar prácticas de distribución equitativa en relación con el trabajo doméstico y las labores de cuidado entre los diferentes miembros del hogar como elemento clave para el empoderamiento económico de la mujer.

Referencias:
Campillo F. (2019). El trabajo doméstico no remunerado en la economía, Revista Nómadas,
Universidad Central: Bogotá.
ONU MUJERES. (s.f). “Redistribuir el trabajo no remunerado”, obtenido de
https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/csw61/redistribute-unpaid-work.
SECRETARIA DISTRITAL DE LA MUJER. (2019). “El trabajo doméstico, “Es trabajo y tiene valor””, obtenido de http://www.sdmujer.gov.co/noticias/trabajo-dom%C3%A9stico-%E2%80%9C-trabajo-y-tiene-valor%E2%80%9D-0.

26 mayo 2020

Aura María Acero

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